Ayer 30 de octubre, Brasil eligió democráticamente al que será el jefe de Estado por los próximos cuatro años. Los retos son enormes, casi del tamaño de uno de los países más grandes del planeta, con más de 200 millones de habitantes y de cara a una emergencia climática. Una de las tareas más urgentes del presidente electo Luiz Inácio Lula da Silva será detener la deforestación, sin embargo, esto no será posible sin tocar la ganadería.

Después de Estados Unidos, Brasil es el segundo productor de carne de vacuno a nivel mundial, llegando a un total de 10.4 millones de toneladas, y es número uno en exportación de carne, responsable del 23% de las exportaciones globales, con una tendencia hacía el aumento. Según analistas de mercado internacionales, este año, la producción de carne en Brasil ha aumentado en un 6% en comparación con el año pasado, mientras que la exportación ha aumentado en un 37% (126 000 toneladas más) con respecto al 2021. En total el país exporta 469.000 toneladas de carne vacuna fresca y congelada lo que por supuesto le genera unos ingresos importantes al país.

De igual forma, Brasil es el país de América Latina que más exporta ganado en pie. Entre 2020 y 2019, Brasil exportó más de 800.000 animales vivos, lo que corresponde al 1,34% del comercio mundial. En su mayoría con destino a Turquía, Arabia Saudita, Irak, Líbano, Egipto y Argentina.

Pero estas actividades no solo generan dividendos para Brasil, sino que también estan acabando con la selva amazónica.

De acuerdo con científicos, el 80% de la deforestación en el Amazonas es causada por la agricultura animal y la alta demanda de carne de vacuno, tanto interna como externa. “La producción de carne es el principal impulsor de la deforestación en los bosques tropicales del mundo. La conversión forestal que genera más del doble de la generada por la producción de soya, aceite de palma y productos madereros (el segundo, tercer y cuarto mayor acelerador) combinados. La carne de res también impulsa la conversión de paisajes no forestales, de pastizales a sabanas.” Reveló el informe hecho por WWF en 2018. La producción de carne en Brasil es responsable en un 20% de la deforestación mundial como lo reveló un estudio realizado por la Universidad de Lovaina en diciembre del 2020.  

Brasil, es también uno de los principales productores de soya del mundo, tanto para consumo interno como para exportación, en ambos casos la gran mayoría se destina a la alimentación de animales de consumo.

Según un estudio realizado por la ONG ambiental Global Canopy: “En 2017, Brasil produjo 16,3 millones de toneladas de harina de soya para su mercado interno, y más del 90 % se convirtió en alimento para animales, con un 50% utilizado como alimento para pollos, 25% para cerdos y 12% para carne y ganado lechero”. De igual forma, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) encontró que el 93% de la soya que se exporta a Europa está destinada para la crianza de animales y los Países Bajos, por ejemplo, mayores productores a nivel mundial de alimento para animales de consumo importan más del 40% de soya de Brasil.

Para cumplir con las obligaciones con el medio ambiente, frenar la deforestación y disminuir las emisiones (Brasil es el quinto mayor emisor de metano del mundo según datos del Banco Mundial de 2018), el nuevo gobierno está obligado a reducir el tamaño de la agricultura animal. Tal y como lo revelaron investigadores de la universidad de Sao Paulo y de la Universidad de Wisconsin en un estudio realizado en 2019, Brasil ha ido expandiendo su frontera agrícola hacía el Amazonas apostándole a un modelo de ganadería intensiva.

El último informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) es claro sobre la necesidad de alejarse de la agricultura animal industrial para cumplir los objetivos del cambio climático: “La reducción del consumo de carne es una de las medidas más efectivas para mitigar las emisiones de GEI, con un alto potencial para el medio ambiente, la salud, la seguridad alimentaria, la biodiversidad con enormes beneficios para el bienestar de los animales”, concluye el informe. Hoy en día en países altamente industrializados como los Países Bajos o Bélgica hay consenso sobre la necesidad de reducir el tamaño de las ganaderías para lograr los objetivos de disminución de los gases de efecto de invernadero ya que el 57% de las emisiones de toda la producción de alimentos provienen de la cría de animales para carne y productos lácteos, además de la producción de cultivos para alimentación animal. 

Por otro lado, promover la ganadería intensiva en Brasil iría también en contra del bienestar de los animales pues los obligaría a estar confinados tal y como sucede en la ganadería industrializada “feedlot” de los Estados Unidos, Europa y China. Estos sistemas son igualmente criticados por el uso indiscriminado de hormonas y/o promotores de crecimiento, lo que hoy es un peligro para la salud pública a causa de la resistencia antimicrobiana.

Los resultados de las elecciones presidenciales en Brasil han causado gran alivio, pues durante su campaña Lula se comprometió con la causa climática, uniéndose a Chile y a Colombia, sin embargo, aunque, durante la anterior presidencia de Lula entre 2003 y 2010, la deforestación disminuyó considerablemente, bajo su supervisión, un banco estatal financió el avance de la industria de la carne en el Amazonas, lo que llevaría a pensar que esta vez es necesario un abordaje diferente.

Desde SOS Animales Colombia, esperamos que las nuevas políticas para mitigar el cambio climático y la destrucción de la selva tropical en Brasil, sigan las recomendaciones de expertos y científicos y aborden uno de los temas más álgidos como es la necesidad de reducir la ganadería. Invitamos al nuevo gobierno del presidente Lula a avanzar hacía sistemas alimenticios cuyo impacto medio ambiental sea inferior y a fomentar la innovación y el emprendimiento en el sector de la alimentación a base de plantas. 

De igual forma, invitamos al gobierno a examinar todas aquellas prácticas de la agricultura animal que afectan el bienestar de los animales como la exportación de animales en pie, a cuya prohibición se suman cada vez más países y a prácticas crueles como es el sacrificio de los pollitos macho en la industria avícola en Brasil. Según la Corporación Brasileña de Investigación Agrícola (Embrapa), en el país al alrededor de 6 o 7 millones de pollitos macho son triturados vivos al nacer, siendo esta una de las práctica comunes más inhumanas dentro de la industria de la producción de alimentos en Brasil.

Como uno de los países más influyentes de la región, esperamos que este importante aliado de Colombia asuma un liderazgo en favor de los animales y la naturaleza.

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